Mi hermana y yo nos hemos odiado desde siempre. Bueno, supongo que yo empecé a odiarla porque vi el odio irracional que ella tenía hacia mí. Se pasó toda su infancia y adolescencia echándome la culpa de todo lo malo de su vida. Pero lo peor era que los demás la creían a ella.
Ahora parece que esta mal. Se está matando de hambre o algo así. Algo que solo una hermana con tendencia al drama como la mía podría hacer.
He decidido ir a verla y aquí estoy delante de la puerta de su habitación. Al final abro la puerta. La habitación es pequeña, sucia y huele como si mi hermana coleccionara perros muertos en el armario. El suelo esta lleno de ropa sucia y basura. En el suelo hay un colchón que por lo menos es de los años 20 y parece que nadie lo ha lavado desde entonces. Encima del colchón hay algo. Al principio dudo entre una gallina sin plumas gigante o mi hermana. Me decido por la segunda opción al ver la mata de pelo rojo que sale de su cabeza.
- Bueno... ya me pasaras tu régimen.
Suelta un gruñido pero yo continúo con lo mío.
- Ahora ya cabes en la talla 36.
Otro gruñido.
- Para ya, ¿no? Que es tu hermana, ¡joder!
Javier esta en la puerta, le sonrío sarcásticamente y salgo de la habitación.
Resulta que la idiota de mi hermana ha decidido matarse de hambre porque el inútil de Javier se olvidó de mandarle una jodida postal en San Valentín. Y ahora dice que esta en huelga de hambre.
- ¿Y si le das una postal ahora y le dices que el cartero la acaba de traer? Con lo mal que esta correos y lo tonta que es mi hermana...
Me voy. No puedo soportar mas ese olor... además me ha parecido ver una rata entre la basura del rincón.
Han pasado ya un par de días. Voy a ver si mi hermana sigue viva. Llamo al timbre y el esqueleto me abre la puerta.
- ¡Vaya! Veo que te disfrazas de esqueleto por Halloween...
Otro gruñido.
Voy a la cocina para prepararme un té o algo. Ella empieza a hablar y me cuenta la historia de la postal y lo mal que está correos en este país.
Me voy. Está viva y no quiero verla o escucharla ni un minuto más. Además ya no me necesita.
Son las siete de la mañana y el teléfono suena impaciente. Lo cojo, y Javier me habla desde el otro lado del cable telefónico. Solo me dice que tengo que ir urgentemente. Mientras me visto pienso cuanto tiempo hace que no les veo a él y a mi hermana. Puede que un par de meses. No le he preguntado a Javier que pasaba. Me voy cerrando la puerta detrás de mí. Al llegar me cruzo con dos enfermeros que sacan ?algo? en una camilla. Entro en la casa, la puerta esta abierta. Javier está sentado en una silla de la cocina, rodeado de más basura de la que nunca imaginé. Javier tiene el mismo aspecto que la cocina: sucio, viejo y deprimente.
- ¿Que ha pasado?
- Se ha muerto ? dice con la voz entrecortada y se pone a llorar.
- ¿Que ha sido esta vez?
- ¡Tú! ? me mira con odio
- ¿Yo?
Me explica que la última vez que estuve allí y me fui sin decirle nada, mi hermana estaba muy sensible y decidió dejar de comer hasta que yo le pidiera perdón por lo que le había hecho. Se ve que creía que yo volvería al día siguiente o al par de días. Como no volví se convirtió en una cuestión de orgullo.
- Se ha pasado la ultima semana diciendo que si se moría seria culpa tuya. Y tenia razón.- dice Javier con odio.
¿Culpa mía? ¡Solo me faltaba esto por oír! Se ha pasado la vida culpándome de todos sus errores y la gente me ha culpado a mí también. Pero culparme de su muerte... el mundo entero podrá creer que es culpa mía pero ella y yo sabemos que la culpa es solo suya por estar mal de la cabeza.
Ya os lo había dicho, mi hermana era así... Pero esta vez no voy a dejar q me afecte. Esta vez se que la culpa no es mía. |