Mientras la noche deja paso a la vigilia y la oscuridad juega con las horas, el sueño invade las casas que en la bella Andalucía moran.
Mas la luz se resiste a desaparecer y brilla en las cantinas la lucidez de los borrachos, que a pasos agigantados se descuelga entre escupitajos hasta la jarra más lejana para no volver hasta el próximo amanecer, cuando los hombres tragan de nuevo saliva en su eterno y limitado renacer.
En una de esas cantinas se alarga el día más de lo prudente, pues se mueven odios y recuerdos,
que, engañados por el tiempo, se difunden entre dientes.
Manuel de Saez - ¡Más bebida, posadero!, pues beber y olvidar quiero lo que éste sucio y señor rastrero profirió sobre los míos, que son lo que más quiero. Y prometo que con empeño buscaré lugar y día exacto para su desgraciado y funesto entierro. ¡Arriba desgraciado! ¡defiende tus palabras de embustero!.
Porcario - ¡No le aguanto tales palabras ni al más ciego!, pues lo que dije la verdad fue, y mis palabras de buena fuente provienen. No me sea usted, señor, de esos que olvidan de repente, y acepte las historias tal y como se dieron.
Manuel de Saez ? Bebido es lo que estas y olvidas quien soy yo, pues de lo contrario no hablarías con tanta honestidad. Mas veo en el rojo de tus ojos que no sabes lo que dices, y es obvio que te pierdes en pensamientos sin matices. Por tu bien calla tu boca deslenguada o prepara tu mortaja para mañana.
Porcario - ¡Cuánto malo en tus ideas! ¡De familia te viene lo asesino y en ladrones os convertís vosotros mismos!. Soys los Saez unos esclavos del dinero fácil y del destierro amigos, pues primero al pobre tonto echáis y luego con los bienes de aquél os quedáis. ¡Buen negocio familiar!.
Manuel de Saez - ¡Sucio bastardo! en que basas tus palabras para cuestionar la lealtad y honestidad de los Saez, vos, que no llegáis ni a pobre señor. Retira tales acusaciones o no volverás a ver el sol ni otro atardecer en lugar alguno mas que en el cielo, si es que llegáis a él, me refiero.
Posadero - Dejadlo ya señores, pues el vino se adentró en demasía en sus corazones, y los emborrachó la lengua dejando libre las pasiones,
no dejéis que por ella fluyan más palabras sin coherencia. Os ruego olvidéis lo sucedido y marchéis a descansar, pues mañana, que ya es hoy, no es día festivo sino laboral. Y puesto que trabajoso es levantarse, ir al trabajo lo es mucho más. Sean consecuentes y anden recto hacia sus moradas, pues seguro que alguien les espera preocupado al no saber por donde paran.
Manuel de Saez - ¡Posadero! ¿Quién te dio vela en este entierro? ¿soys vos acaso el Mesías reconciliador? ¡Callad!, pues en ello os va la vida. Oid y callad, mejor que no miréis, pues si lo hacéis tal vez testigo de un crimen seréis.
Posadero - ¡Por dios! señor mío, perdonad a este pobre mendigo que tenéis delante, pues se mete donde no le llaman; mas por mi seguridad, creedme, no me meteré con vos de aquí en adelante. Pero os suplico que concedáis indulto a éste desgraciado, si con sus palabras os ofendió, pues bien es sabido que mis vinos trastocan los sentidos, y el pobrecillo no es de buen beber, así como lo soys vos. Sed, señor, benevolente, y perdonad a tal borracho, que no sabe donde para ni con quien se mete.
Manuel de Saez ? Bien habéis hablado; si me apuras le concederé el perdón, pues sé bien que posadero eres de tu posada y muertes en ella seguro no anhelas, y así pues, respeto tu opinión... Mas imposible me es obedecer a vuestro ruego si aquí el señor rastrero no se excusa como manda Dios.
Porcario - ¡Atrás posadero! que vengo desbocado y tus vinos nada tienen que ver. Los Saez son asesinos y ladrones, y no me viene de nuevo ni me es ajeno, pues de antaño es sabido que sus riquezas fueron de otros antes que de ellos y sus vidas cubiertas de sangre las tienen; pues te diré posadero que mataron a mis padres para quedarse con el dinero, y después echaron al hijo para apropiarse de las tierras. ¡Mal hicisteis al no acabar también conmigo!.
Manuel de Saez - ¡Dejad de insultar el nombre de los Saez!, pues donde acaban los minutos empiezan las horas, y en el paso por ellas pierdo los estribos y la locura en mis ojos aflora. No quiero oir más chaladuras de un borracho de lengua floja, ¡posadero! lo hecháis de la cantina o por mis muertos que te monto en plena tasca un matadero. Una sangría estoy apunto de cometer si es que no se disculpa como tiene que ser y se marcha con viento fresco. ¿Me escuchas posadero? No quiero tenerlo que volver a ver.
Posadero - ¡Disculpad señor! Hablaré con este majadero que no se acaba de encauzar, permitid que razone con él y le haga ver con claridad, pues su vista esté ennublada por tonterías que no vienen a lugar.
(dirigióse el posadero hacia Porcario y condújole a un rincón de la cantina; una vez apartados dijole palabras bajas en tono pero altas en cautela).
Posadero ? Callad desgraciado si vuestra vida os vale algo, pues aquí el señor es hidalgo de esos que poco les cuesta acabar con dos de una mesma vez . Sed de la razón amigo y dejad que la partida la gane la prudencia, pues si os creais tan pronto enemigos poco durareis en pedir clemencia. Sé que soys forastero y que acabáis de llegar, y si vuestras intenciones son las de luchar dejad que os diga que no os encamináis bien por esos derroteros. Los hombres de por aquí son buenos en la lucha y si no lo son lo asemejan, pues bien por poder o por dinero alzan victorias en cada duelo.
Dejad que adivine, por lo que he podido oir;
Vos decís que Manuel de Saez, ?hijo?, es o fue responsable de lo que el pasado a los suyos les hizo, y venís ahora a mover las cenizas de lo que fue quemado para recuperar aquello de lo que vos fuisteis destronado. Hijo, mas vale que os volváis para vuestro pueblo pues por estos lares no duran mucho los soñadores.
Porcario ? ¡Dejad que la verdad haga justicia!
Posadero ? Bajad la voz . sssshhhh......
Porcario ? (con voz baja) Dejad que la verdad se cobre el sueldo, y si una muerte es lo que quiere, que no ceje en su empeño, pues aquí me tiene. Quizás hoy, por respeto al genero humano ,que soys vos parte de él y no lo pongo en duda, no llegue hasta el final en mi batalla, pero mañana todo relucirá pues la lluvia se aleja tarde o temprano y el rocío todo lo refresca. Encaminaré mi paso hacia la puerta que me separa de mi futuro; no niego que en mente tengo planear la muerte de aquél, y si dios me ayuda puede que no tarde mucho en volverlo a ver.
Posadero ? Si, hijo, andad hacia la salida que es lo correcto en estos casos. No sigáis enfrentando pasado y presente e intentad mirar hacia delante.
Y sobre todo nunca erréis vuestro paso si es que delante tenéis bravo adversario; cuan no más grandes penúrias hube de padecer yo en la batalla de Sevilla, contra los franceses allí reunidos, pero fui valiente y me retiré, aún dicen hoy en día que huí, pero no hagas caso; el valiente es el que queda en pie, de los que en suelo restan solo los gusanos adoran.
(Habiendo hablado el Posadero dirigióse Porcario hacia la puerta de la cantina, y al paso de éste el tal don Manuel cruzósele, pues no parecióle buena idea dejar que aquel echara el vuelo sin dar explicaciones y rehuyendo del tal forma el tan ansiado duelo.)
Manuel de Saez - ¿Ya nos dejáis?, ¿Sin decir ni un adiós o un hasta luego?; vamos, vamos, si ahora viene lo bueno. No se vaya aún, ¿Es que ignora vuestra alteza que su muerte para todos será un consuelo? Uno menos en el pueblo, una boca menos que escuchar; uno lejos que desde el cielo siempre se preguntará ¿Por qué Don Manuel de Saez? ¿Por qué con él tuve que luchar?. ¡Quédese como un hombre a morir como un perro!. No me niegue que la ira le corroe por dentro, ¿olvidáis lo que los míos les hicieron a los vuestros?. (Don Manuel de Saez escupe a Porcario). ¡Eso es lo único que por ahora tendréis de mi!.
Porcario ? Dejadlo señor, que he comprendido que hoy no es noche para un entierro, pues aquí el buen amigo posadero me hizo entender como caminar por lo que no es recto; bien me dijo: ?Sed señor de buen agüero, dejad que el vino se lleve las palabras que con dulce sabor trajo para evitar lo amargo del desencuentro y dirigid ligero el paso hacia la puerta tras haber pedido perdón?.
Así pues perdon os pido, sin excederme en ello, y desmiento cosas que dije, pues siendo no verdades sinó mentiras hirieron el orgullo del caballero cuyo rostro frente a mi tengo. Perdón por desvariar dejando suelta la lengua y escupiendo sin razón mentando su familia, que sin duda no tengo el gusto de conocer; Espero que comprenda que lo que aconteció es lo que le he dado en llamar yo la alevosía del borracho, que sin saber beber lo hace todo por aprender y en su camino intenta perder penurias de bien antaño. Ahora os ruego que me dejéis partir. Caminante soy del mundo y mil historias oigo, por ello no me asombro cuando borracho cuento mil y una al primero que para oído, perdonad si mis locuras enojaron vuestros sentidos y olvidad que me visteis como si de un mal sueño se tratara.
Manuel de Saez ? Nada más quiero oir que provenga de vos pues no soys digno de mi perdón, y por ello seguiré teniendo vuestra faz en mente; no dude amigo mío que quizás hoy no ni como suele decirse mañana, pero pasado el tiempo prudente que a todos nos pertoca llegará el día de su muerte, y yo estaré bien cerca.
(Porcario abandona la posada por la puerta de la cantina restando dentro de ella el tal don y el posadero, el cual, aprovechando el estado de embriaguez del Saez más jovenzuelo tira anzuelos con preguntas esperando obtener respuestas que le aclaren el porqué del ajetreo)
Posadero - ¡Dios nos libre del tormento que traen los borrachos!. Mucho vino el que se beben pero más problemas son los que me dejan; vos, Don Saez, no haga caso de lo que por ahí se comenta y deje de oír palabras borrachas de mentiras.
Manuel de Saez -¡¿Qué redios se comenta?! ¡Anda! ¡Dime posadero! qué demonios sabes tú del mal que sufro yo y de lo que siento. ¿Cómo puedes saber lo que me atormenta? ¿Acaso crees que el pasado de mi estimado padre lo forjé yo a conciencia? ¿Dices que no me crea lo que cuentan? ¿Qué yo soy como mi progenitor? ¿Qué el silencio de la muerte lo provoca el más grande arrendador? ¡Son envidias!, mas no digo lo que siento pues mi palabra no es de fiar, pues como Saez que soy sólo cuenta mi familia y el pasado orgullo del mañana lo he de sentir, sin preocuparme de las lenguas que memorias del ayer transportan, sin dejar que malas hierbas se me hundan por la gola y corroan mis defensas, sin permitir que mi conciencia despierte lo que no soy... pues sólo soy Saez y nada más.
Posadero ? Como vos digáis, ¿Cómo podría negarlo yo? bebed, bebed, y no hagáis caso de mis locuras, pues por esta noche ya es suficiente de palabras banales para oídos sin interés. Creo que os dejaré por momentos pues he de ir a la posada a arreglar ciertos asuntillos del alojamiento de un pobre señor que arribó no ha mucho y he de arreglarle su habitación. Ruego me disculpéis.
Manuel de Saez ? Iros ¡Por Dios! (risas sarcásticas) No me sabría de buen gusto el dejar sin el mejor posadero al señor ése del que me habláis, pero amigo, escuchad con buenos oídos, el disgusto yo me lo llevo , pues con vuestra marcha se me acaba la alegría; sin posadero se acaba la cantina, y lo que es más, se aleja sobre todo la jarra, llena de vino, que mis ideas aclara.
Posadero ? No os preocupéis pues aquí os dejo una jarra de vino llena y que espero la beba con gusto. Y márchese cuando vos deseéis pues la puerta para usted siempre entreabierta la considero, mas si se marcha me la cierra bien cerrada, pues ya sabe que por aquí para mucho bandolero.
(El Posadero deja la cantina y marcha a la Posada mientras el Saez bebe dejando al hombre sobrio nadando en agua morada y diluyendo pensamientos que le confunden toda el alma) |