Maravillosa, genial, sutil a la vez que verazmente cruda... estos son muchos de los adjetivos que se pueden adjuntar a ?Million dollar baby?, porque para que andarnos con paliativos: esta película es de los mejor visto en el cine en mucho tiempo. Hay veces que no hacen falta ni presentaciones, ni prolegómenos, ni introducciones, y que llega con escribir un nombre para que todo el mundo sepa de lo que se habla. Y ese nombre en esta ocasión es Clint Eastwood.
?Million dollar baby? es una producción mayúscula en lo referente a calidad. Nada falla en ella, es como un perfecto reloj suizo donde cada pieza esta colocada en su lugar y perfectamente engrasada, haciendo que no falle en absolutamente nada, siendo tan necesario un engranaje como el anterior para que todo funcione. Desde la fotografía (parca, pero bella y cruenta según la necesidad) hasta la adecuada música, todo se compenetra de tal forma que si una de las cosas fallase en lo más mínimo, da la impresión de que el resultado no sería ni similar al que se nos ha presentado en la gran pantalla.
El filme te machaca cabeza y corazón hasta dejarte extasiado. Golpea sin parar y tan fugazmente que ni lo notas. Es un increíble combate que gana de antemano, aunque se demuestre a posteriori. Ayudado por un espléndido guión, y unas interpretaciones de las que todo actor estaría orgullosísimo (Swank y el propio realizador hacen prácticamente los papeles de su vida, lo cual es mucho decir), ?MDB? te atrapa de principio a fin en dos partes muy diferenciadas: la primera mucho más espectacular y directa al cerebro, y la segunda más intima y reflexiva, que te parte el corazón.
No puedo hablar mucho más de ella, porque si no acabaría desvelando la trama, así que sólo diré: id al cine a verla ya. No esperéis ni un segundo más para ver el filme del año.