Jean-Pierre Jeunet nos enamoró a todos con Amelie. La imaginería visual que prodigaba, unido a una actriz talentosa hizo posible que todos nos metiésemos en ese mundo colorista que nos proponía y mostraba. El éxito fue tal, que consiguió financiación y apoyos para esta gran superproducción gala. Pocos cineastas no afincados en Hollywood consiguen eso en su vida, así que había que aprovechar la ocasión intentándose rodear de las mayores figuras y profesionales del cine francés e internacional. Y desde luego, gracias a un equipo con tantas cualidades, se pueden crear obras tan corales como esta.
?Largo domingo de noviazgo? es una historia de amor, antes que una película bélica. Con la esperanza como tema de fondo, Jeunet repasa un amplio espectro de las emociones puramente humanas, haciendo que Matilde (Audrey Tatou, bellísima y metida en su personaje, como siempre) sea un ejemplo de tesón y ensimismamiento a pesar de lo que la realidad indique. Un filme que cree en el destino y en la suerte (como ya ocurría en la anterior obra del autor), como un método infalible para sobrellevar el peso que la realidad nos deja.
Técnicamente hablando, esta película es una pura obra maestra. Desde la filmación hasta la dirección de arte, pasando por la música o la fotografía, todas las piezas encajan a la perfección, dotando a esta producción de un aura mágica de perfección formal. También los actores están donde deben estar (atención sobre todo a la subhistoria de Jodie Foster), creando ese mundo tan necesario para la narración. En su contra cabe destacar, que la trama pierde fuerza por momentos y que llega a ser inverosímil y demasiado condicionada por el que será el final del filme, llegando a ser repetitiva y extrañamente absurda.
En fin, una película que da menos de lo que podía ofrecer, pero ofrece más de lo que la mayoría de las producciones dan. Una bonita historia de amor en entreguerras que hará las delicias de más de uno, mientras que dejará un sabor de indiferencia a muchos otros. Sólo déjense llevar e intenten introducirse en la historia. Es la única manera de admirarla en su totalidad.