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Espectación. Eso es lo que ha creado ante todo el ultimo proyecto de Pedro Almodóvar, tras su oscarizada y multipremiada “Hable con ella”. Después de su exitoso proyecto no podía quedar otra cosa. Y desde luego, la historia prometía: una especie de vuelta a los traumas y miedos infantiles del director manchego mas universal. Se podría decir que uno de sus proyectos más personales, pero al final se ha dedicado a volver a su genero mas usado, el de la doble T: thrillers con travestis.
Con una colección de personajes ambiguos (en todos los sentidos posibles), genialmente interpretados, sobre todo en los casos de Fele Martínez y Gael García Bernal, y con una trama prácticamente policiaca y constantemente en movimiento nos presenta el archiconocido Pedro su nuevo proyecto que revisa algunas de sus obsesiones como la iglesia, el sexo o la infancia. Por momentos podría llegar a creerse que es una autobiografía trampeada, pero ni mucho menos. Mucho más obsesionado con la forma, que con el fondo y rodeado de decorados y localizaciones totalmente almodovarianas, ochenteras y cuidadosamente escogidas, el realizador vuelve a crear una película rebuscada, ligeramente previsible y que remite a su época de principios de los noventa, mucho mas cercana a “Tacones lejanos” que a sus ultimas obras. Por desgracia, deshecha el intimismo que últimamente parecía tener y su gusto por historias sencillas, para cambiarlo por la grandilocuencia exagerada de la que hacían uso algunos de sus filmes de menos prestigio.
Un pequeño paso en falso en la carrera del director y guionista, aunque la película mantiene con sus más y sus menos una dignidad más que aceptable. No es genial, pero sigue siendo un filme digno de verse.
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