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Cuatro años. Cuatro años esperando. Pero en fin, como suele decirse, la espera valió la pena. Tarantino se hizo desear. Después del medio fiasco que supuso “Jackie Brown” entre sus fans, el director de clásicos como “Pulp fiction” o “Reservoir dogs” se tomó cuatro años en los que consumió con ferviente pasión cintas de series de artes marciales de los 80, westerns de Leone y frikerias varias. Todo un atracón de subcultura que no ha pasado desapercibido en su último trabajo. Y es que eso de trabajar en un videoclub durante la juventud tiene que dejar sus secuelas.
“Kill Bill” se podría considerar como un giro experimental en la carrera de Tarantino, pero no es así ni mucho menos. Sería al revés. No se puede arriesgar el tipo en las primeras películas, porque ya se sabe que Hollywood es como una ninfómana: en cuanto te ha sacado todo lo que ha podido, se va en busca de otro y aquí haya paz y después gloria. Este filme puede destruir o encumbrar al realizador que se atreva con el, y admitámoslo, encargarse de este proyecto en pleno año 2004, podría llegar a ser como hacer “Sonrisas y lagrimas” en los 90: un cachondeo. Pero no es así, y si lo es, es porque Quentin Tarantino así lo quiere. Las claras alusiones a películas de kárate, series de kung-fu, westerns de venganza hacen que la fina barrera que separa el homenaje del plagio, se pueda realmente a diferenciar. “Kill Bill” es la mayor superproducción de serie b de la historia. Y lejos de resultar patética, rebosa genialidad en sus 111 minutos de duración. Venganza, épica, mucha lucha y, sobre todo, mucha sangre son las palabras que mejor podrían resumirla, aparte de la ya citada genialidad. Heladora. Desconcertante. Te deja sin palabras y con ganas de más (gracias a Dios, aun queda una segunda parte).
Un humor que roza el absurdo al mas puro estilo Tarantino y una estética tan cuidada como la que más, son alicientes suficientes como para desplazarte al cine a verla. También el despertar del letargo actoral de Uma Thurman (al más puro estilo de “The bride”: vuelve para triunfar en su cometido) es un punto a favor. Y podríamos ennumerar hasta la saciedad todas las cosas buenas que posee, pero la verdad, creo que sería perder el tiempo, porque en estos momentos tendrías que estar ya haciendo cola para ver este magnifico ejercicio de dirección. ¿No te ha quedado claro todavía? Te estas perdiendo la película del año.
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